Los seres humanos - en todas las regiones del planeta y en todas las culturas - han exteriorizado sus particularidades étnicas, y en su emblemática identidad algunas manifestaciones están directamente relacionadas a realzar las jerarquías, sus tributos y fundamentalmente su admiración por la belleza.

Las sociedades contemporáneas en profunda interacción de la comunicación global son las que más han intervenido en los diferentes eventos y circunstancias relacionadas con la organización social, comportamientos selectivos e individuales que siempre se relacionan con los estándares sociales de las costumbres de las prendas de vestir, los símbolos y los íconos de belleza.

En nuestra América, por ejemplo, resaltan desde tiempos Incásicos las proporciones exuberantes relacionadas con la fertilidad, desde los pisos climáticos bajos hasta los altiplanos andinos, destacándose en el realce de la belleza, los atuendos y joyas.

Es difícil no relacionar a padrones y medidas la definición de belleza, más bien esta se reconoce como un sentimiento de identidad y de orgullo. En la actualidad realzamos los atributos del género y buscamos nuestros propios conceptos de la belleza espiritual, escénica y personal, cuidando fundamentalmente de la incidencia de nuestro entorno adaptándonos a nuestras costumbres, al bienestar, a la salud, realzar nuestra belleza a través de prácticas físicas, dietéticas, enrumbándonos siempre en un patrón predeterminado. La belleza es dinámica y trascendente, simétrica y de identidad del género y etnia, es por eso que en esta comunicación global la belleza dinámica podemos encontrar desde los íconos representantes de intereses económicos hasta estereotipos de la belleza de la identidad étnica.